La semiótica del sujeto

But what ends when the symbols shatter?

And who knows what happens to hearts?

Death in June

Recuerdo algo de hace algunos años atrás, no es un recuerdo muy significativo, ni tampoco tan lúcido, pero sí es un recuerdo que me despertó una inquietud. Estaba yo con mis padres por la calle cuando veo a un vendedor ambulante vendiendo diversos artículos, entre ellos se encontraba una polera del Che Guevara. Realmente no tengo nada en contra de ello, si el Che Guevara fue o no una persona digna de admirar me fue y me sigue siendo indiferente, pero sí despertó una pregunta en mí: ¿por qué usar una polera con la cara de un hombre?, entiendo que haya gente que usa poleras de bandas, quieren mostrar que les gusta, o al menos aparentarlo, pero una polera con la cara de un ser humano, si es o no relevante en la historia tampoco es importante en este momento, pero aún así me surgió esa duda. ¿Existe realmente alguna diferencia entre vestir una camiseta de Nirvana o una de Mao Tse Tung? ¿Por qué sentimos la necesidad de demostrar nuestra admiración por otro ser humano? ¿Sería equivalente llevar la imagen de mi propio padre?. Esta y muchas otras preguntas me cruzaron la cabeza durante mucho tiempo. En el presente artículo me gustaría presentar una serie de reflexiones sobre este tema, intentando explicar desde mi punto de vista y mis investigaciones por qué usamos o compramos mercancías de ciertas personas o figuras históricas.

Para poder introducir este artículo me gustaría hablar un poco sobre una disciplina que me ayudó a comprender un poco lo que voy a explicar más adelante, la semiótica. Esta es una ciencia social que se encarga del análisis e interpretación de los signos. Esta disciplina se ha desarrollado durante mucho tiempo, pero comienza como una ciencia social  en el siglo XVIII con la figura de Ferdinand de Saussure y Charles Peirce. No quiero entrar mucho en detalles sobre su historia pero sí me gustaría introducir una teoría de Peirce:

Peirce propuso clasificar los signos en tres categorías principales: ícono, índice y símbolo. Un ícono es un signo que guarda una relación de semejanza con aquello que representa; por ejemplo, un emoji de un personaje sonriendo representa literalmente a un personaje sonriendo, imitando su forma o expresión. Un índice es un signo que mantiene una conexión física o causal con su objeto; por ejemplo, el humo es un índice de la presencia de fuego, ya que existe una relación material entre ambos. Un símbolo, en cambio, no tiene una relación directa con aquello que significa: su vínculo es arbitrario y establecido por convención social. Un ejemplo sería un ticket verde, que se interpreta como señal de aprobación o corrección debido a un acuerdo cultural.

Para mí, cuando nosotros vemos una fotografía de algún personaje político, un artista, o una figura histórica, no vemos a esta persona como tal, vemos un símbolo subjetivo de aquel, vemos a esa persona como un significado. Cuando una persona ve una imágen del Che, no ve al Che, ve esa imágen como un símbolo, ya sea de libertad y revolución, o de destrucción, dependiendo de la opinión que aquella persona tiene sobre él. Por eso digo que aquello es un símbolo subjetivo, porque depende completamente de nuestro contexto, de nuestra relación con aquel símbolo, si yo admiro la figura del Che voy a tener una opinión sobre él, si lo vilipendio voy a tener otra, si me es indiferente probablemente no signifique nada. De esa manera nosotros deshumanizamos a estas figuras históricas. Mas no las convertimos inmediatamente en símbolos, tiene que existir un proceso en nosotros para que aquello ocurra.

Primero voy a comenzar hablando de qué ocurre cuando admiramos a alguien. Cuando nosotros  tenemos conciencia de una figura nueva, primero la conocemos, nos informamos sobre él, ya sea a través de nuestros propios medios, o a través de otras personas. Así, no sólo tomamos ya conciencia de su existencia, sino también de sus actos, y lo que estos significan para nosotros. Después del reconocimiento, esta figura pasa por un proceso de idealización. Según Freud, al idealizar a otra persona, nosotros tomamos elementos de nuestro propio yo, o nuestro yo deseado, y las transferimos a nuestra conciencia de este tercero, dejamos de lado los defectos de esta persona y se vuelve para nosotros en un ser ideal. Nosotros tenemos en nuestra conciencia ciertas ideas que nos identifican o deseamos tener, y esta figura idealizada, comienza a representar para nosotros estas ideas. De esta manera, y una vez deshumanizada, esta figura se convierte para nosotros en un símbolo, la cara del Che se convierte en símbolo de rebeldía, de revolución; y así, nosotros buscamos en el Che, demostrar nuestra propia rebeldía y deseo de revolución. Usamos estos símbolos en nuestra ropa, a través de posters u otro tipo de merchandising, como manera de demostrar a otros que nosotros seguimos estos ideales. Si para mí, Albert Einstein representa un amor por el conocimiento, yo voy a tener un poster de Albert Einstein en mi habitación como un símbolo para demostrar a los demás que yo también poseo este amor por el conocimiento.

En el caso contrario, el de odiar a una figura, pasamos por un proceso similar. Tenemos conciencia de él, lo investigamos, pero en lugar de idealizarlo, lo demonizamos. Esta persona se convierte también en un símbolo, pero es un símbolo que representa lo contrario a nuestros ideales, y cada vez que vemos este símbolo lo repudiamos, puede que incluso usemos otros símbolos para representar nuestro odio por esta persona y lo que para mí representa.

De esta manera, nosotros reflejamos en otros aquello que nosotros buscamos representar en nosotros mismos. Ésta mecánica de símbolos habla mucho más de nosotros mismos que de las figuras que admiramos, estas figuras dejan de ser seres humanos y se vuelven meros símbolos carentes de sustancia humana, son sólo significado. Es interesante analizar este fenómeno de manera social, pues el hecho de que exista mercancía sobre estas figuras, significa que estos símbolos no son sólo personales, sino compartidos. Compartimos de manera grupal el significado de estos símbolos y nos hace también sentir que pertenecemos a una especie de culto. Freud explica en Psicología de las masas y análisis del yo que las masas tienden a dejarse llevar por un líder carismático que encarna ciertos ideales del Yo de cada individuo. Este proceso es similar a la idealización de un objeto de deseo: proyectamos en el líder aquellas cualidades que aspiramos a poseer. Cuando estamos en grupo, esta identificación con el líder genera, además, una sensación de pertenencia, casi familiar, entre los miembros de la masa. Las otras personas se convierten simbólicamente en hermanos o camaradas, unidos por un mismo amor hacia el líder, que ocupa el lugar de su Ideal del Yo. Lo mismo ocurre cuando nosotros somos portadores de estos símbolos y los compartimos con otras personas, hay una sensación de familiaridad, de camaradería con aquellas personas con las que compartimos estos símbolos, por eso nos alegramos cuando vemos a otras personas usándolos, y mientras más de nicho sean estos símbolos, más nos sorprendemos cuando vemos a otros portarlos. Pero si muchas personas portan estos símbolos repentinamente, aquello nos molesta, porque se pierde el culto, todos son portadores de aquella imágen y ya no hay un grupo selecto de camaradas.

Podría hablar mucho más sobre estos fenómenos pero me gustaría hablar sobre otro fenómeno que encuentro mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando estos símbolos caen, cuando nuestra figura de adoración nos defrauda y perdemos aquella admiración?.

Puede llegar un punto en esta admiración en el que los símbolos se quiebran. En algún momento, ya sea mientras ésta persona se encuentre en vida o posterior a su muerte, esta figura nos defrauda, comete un error o se descubre a futuro que esta figura no representa aquello que nosotros creímos. Desde ese momento, ocurre el proceso inverso al de la idealización, esta figura vuelve a ser humana, ya no es un ideal ni un símbolo, sino una persona con falencias, como nosotros mismos. En un principio sentimos ira, vemos en aquella persona aquello que no queremos ver en nosotros mismos, y mientras pasa el tiempo la terminamos olvidando, ya no es un símbolo, es una persona cualquiera. Pienso en estas situaciones en la figura de Vladimir Lenin, en un momento visto como un héroe, un símbolo de revolución, de los ideales comunistas. Pero posterior a la caída de la Unión Soviética, es más bien visto como un traidor de estos ideales, una figura totalitaria. Pienso en la figura de Cristóbal Colón, visto como el descubridor de América, luego visto como un genocida en masa. Y ejemplos como estos hay y siempre habrán.

Los símbolos forman parte importante de nuestra cultura, de nuestra propia identidad como seres humanos. Y el deseo de pertenecer a un grupo es una necesidad gregaria natural en los seres humanos, por ello existen las religiones, es el núcleo familiar básico que nos une a otros iguales a nosotros.


Bibliografía recomendada

Barthes, Roland. Mitologías

Freud, Sigmund. Psicología de las masas y análisis del yo