Donde el alma se escucha

En 1854, Henry David Thoreau decidió abandonar todo e irse a vivir dos años, dos meses y dos días a las orillas del lago Walden, con el fin de experimentar la vida en la naturaleza, alejado de la sociedad. De esta experiencia surgió Walden, un libro que reúne las profundas reflexiones surgidas durante este retiro voluntario.

Leyendo este libro uno podría comenzar a preguntarse, ¿es realmente beneficiosa esta actividad de alejarse de la sociedad e irse a vivir alejado de los demás?

Más de un siglo después, en 1972 la monja budista Jetusnma Tensin Palmo, se fue a vivir durante doce años a una cueva sobre el Himalaya en un retiro dedicado a la meditación y el silencio, y así como ella, muchas personas realizan este tipo de retiros alejados de la sociedad, con diferentes fines: personales, religiosos o filosóficos.

Aun así, como hay gente que busca la soledad, hay mucha gente que esta le parece intolerable, aterradora, que el hecho de pasar un día sin convivir con otras personas puede ser una experiencia agobiante.

¿Cómo puede ser útil entonces esta soledad para nosotros como seres gregarios, que buscan la compañía por naturaleza? En este breve artículo haré una serie de reflexiones sobre la soledad y cómo esta ayuda al desarrollo personal. Plantearé también preguntas que probablemente no tengan respuesta con respecto a la soledad, pero que servirán para la reflexión personal.

Desde la niñez, la compañía es algo necesario para el correcto desarrollo infantil. A diferencia de otros animales, los seres humanos nacen incapaces de sobrevivir por su cuenta, por lo que el cuidado de los padres es fundamental para sobrevivir. Lo mismo ocurre a medida que vamos creciendo, es necesario convivir con otras personas para aprender los valores morales y de convivencia en los que se funda nuestra sociedad y las relaciones con nuestros pares. Es fundamental para nosotros la compañía en los primeros años de desarrollo, pues nosotros aprendemos siempre por imitación, imitamos las conductas de los demás y así desarrollamos nuestra personalidad, y esto es así hasta nuestra adultez.

Todo esto podría llevar a preguntarnos ¿qué ocurre cuando carecemos de la compañía de los demás? ¿Desarrollamos acaso características personales con más facilidad, o nos volvemos más bien antipáticos para la sociedad?

“Conócete a ti mismo” rezaba una de las inscripciones en el Oráculo de Delfos en Grecia; y una de las maneras que la gente busca para conocerse a sí mismo es este retiro a la soledad. Conocernos a nosotros mismos no implica descubrir nuestra verdadera manera de ser, esto es imposible, nosotros somos a partir de las personas con quienes nos juntamos. Conocerse a uno mismo va más bien en conocer nuestra verdadera naturaleza como seres humanos, el fin del retiro no es desarrollar una personalidad propia, va más bien en conocer la verdad.

Jesus se fue al desierto durante 40 días para orar y ayunar, se fue con el fin de hallar Dios. Buda permaneció durante 7 semanas bajo un árbol meditando con el fin de descubrir la verdad definitiva. En ambas historias, fueron tentados por fuerzas malignas, superando estas tentaciones lograron descubrir la verdad.

De la misma manera que Jesus o Buda, nosotros nos veremos dificultados, tendremos miedo a la soledad, nos veremos tentados a abandonar este retiro. Y es que la soledad es una de las cosas a las que más tememos como seres humanos, el confinamiento solitario es uno de los peores castigos que se le puede aplicar a alguien después de la pena de muerte. Es incluso posible enloquecer de soledad.

“Hasta que no nos perdamos o, en otras palabras, hasta que no perdamos el mundo, no empezaremos a encontrarnos a nosotros mismos …” (Walden, H. D. Thoreau).

Es interesante pensar aún así, cómo incluso estando rodeados de personas, podemos sentirnos solos. La soledad no es sólo física, sino también emocional. No necesitamos estar en un retiro para sentirnos solos, y es probablemente este tipo de soledad, el más doloroso. Es este el tipo de soledad que debemos evitar, no la soledad física. Pues podemos estar solos pero a la vez sentirnos acompañados. Y esa es la idea en un retiro, sentirse sólo físicamente mas no psicológicamente. A la hora de hacer un retiro es cuando más nos damos cuenta de lo acompañados que estamos, de nuestros amigos, de nuestros seres queridos. Al estar solos, podemos aún así sentir su cariño a la distancia. Mas cuando estamos solos emocionalmente, nada nos puede reconfortar.

En la época de las redes sociales, a pesar de estar más conectados que nunca, nos podemos sentir solos. ¿Qué provoca esta soledad? Es difícil saberlo, pues puede ser provocada por múltiples razones: falta de conexiones cercanas, una reciente perdida de un ser querido. También puede muchas veces venir de razones desconocidas, traumas pasados, heridas sin cerrar. La soledad emocional produce una angustia interior difícil de curar.

La soledad física en cambio, puede ser importante en muchas situaciones, podemos sentirnos hastiados de la gente, del ruido de las ciudades, y es la soledad lo que nos puede reconfortar, alejarnos de los demás y estar en un lugar tranquilo, incluso puede ser rodeado de naturaleza, estar cerca de ella nos hace sentir de una manera especial. Ver la magnificencia de las montañas, los valles, los ríos, son experiencias sublimes, completamente indescriptibles.

“Nunca me he sentido solo o agobiado en absoluto por la sensación de soledad, salvo en una ocasión, pocas semanas después de venir a los bosques, cuando, durante una hora, dudé de si la cercana vecindad del hombre no era esencial para una vida serena y saludable. (…) En medio de una suave lluvia, mientras prevalecían estos pensamientos, fui consciente de pronto de la dulce y beneficiosa compañía de la naturaleza (…)” (Walden, H. D. Thoreau)

Otro de los grandes problemas que surge en el retiro, es la falta de entretenciones. Pascal hablaba ya en el siglo XVII de la importancia de la diversión para las personas. Según Pascal, “la miseria del hombre se debe a su incapacidad de permanecer solo en su cuarto”. Y es en el retiro, la falta de entretención la prueba más difícil de superar cuando nuestro objetivo es el autodescubrimiento. Cuando nos retiramos lejos de las ciudades, nos alejamos de todo tipo de entretención: bares, iglesias, bibliotecas, tiendas, centros comerciales, etc.; esto nos provoca angustia, desesperación. Cuando nos sumimos en la falta de entretenciones, nos sumimos en las más profundas reflexiones existenciales, esto puede llevarnos incluso a la locura.

¿Vale la pena sumirse en este vacío existencial y carencia de relaciones personales? ¿Vale realmente la pena el conocerse a uno mismo? ¿Cuál es el fin de todo esto?

Así como la falta de entretención nos lleva a la miseria, también nos lleva a crear. Cuando no tenemos entretenciones es cuando más creativos nos volvemos, deseamos tanto alejarnos del aburrimiento que buscamos las maneras más innovadoras de entretenernos.

Todo esto se ha visto mermado con la llegada de las redes sociales y los medios ilimitados de entretención, como las plataformas de streaming. Estamos tan sumidos en la entretención que dejamos de lado actividades más reflexivas o creativas. Crear música, dibujar, pintar, reflexionar sobre uno mismo; todos estos son medios de entretención, pero requieren de mayor tiempo, son más difíciles de realizar que scrolear en Instagram.

Entonces, cuando en un retiro nos vemos sumido en el aburrimiento, nos vemos obligados a entretenernos con estos medios. La creatividad tiene su mayor apogeo en el momento en el que nos encontramos más aburridos.

“Para el pensador y para todos los espíritus sensibles, el aburrimiento es aquel desagradable «amainar del viento» que precede al viaje afortunado y a los vientos alegres” (La ciencia jovial, F. Nietzsche)

Un retiro a la soledad es una experiencia aterradora, pero muchas veces, necesaria, o al menos para algunas personas. Es difícil describir la sensación de estar en uno para otras personas, pero es una experiencia gratificante, alejarse de la sociedad, y dedicarse a la creación.

Muchos artistas han utilizado este método para crear, Honoré de Balzac escribía durante la noche, en completo aislamiento, durante jornadas que llegaban a durar 15 o 16 horas. Quizás, para nosotros también sea necesario alejarnos del mundo cada cierto tiempo, y tomar un retiro alejado de la sociedad. Con esto no me refiero a tomar vacaciones, sino a encontrarnos en confinamiento solitario, dedicados exclusivamente a la reflexión, esto puede resultar beneficioso, pero hay que tener también cuidado, pues también puede ser nocivo. Permanecer mucho tiempo en soledad puede ser perjudicial para nuestra salud si no estamos preparados mentalmente para ello. ¿Cuál es entonces el límite, el momento en el que debemos parar? Tensin Palmo, estuvo 12 años en una cueva, como ya fue mencionado, Thoreau sólo estuvo 2 años, una persona puede pasar tan solo 1 semana, y eso puede ser suficiente. El límite está en cada uno.


Bibliografía complementaria

Thoreau, Henry David. Walden.

Jetsunma Tenzin Palmo. Into the hearth of life.

Pascal, Blaise. Pensamientos.

Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial.