Uno de los temas que se han abordado durante muchos años en la filosofía, y que recientemente está entrando en el campo de la neurociencia, es el del libre albedrío. ¿Somos realmente libres de decidir? ¿O nuestras elecciones están determinadas por fuerzas que nos preceden? Estas preguntas no tienen una respuesta clara, mucho es lo que se ha discutido acerca del libre albedrío desde diferentes campos: la ciencia, la filosofía y la religión; pero ninguno tiene claro si somos realmente libres o no. Quizás sí somos libres, y todas las decisiones que tomamos son nuestra responsabilidad, o quizás no es así, tal vez, nuestras decisiones están previamente decididas, quizás nuestros genes jueguen un papel importante, o tal vez nuestras condiciones sociales, o puede ser una fuerza metafísica que nosotros no podemos controlar. Es difícil saberlo, y probablemente nunca encontremos respuestas claras sobre ello, mientras no sepamos cómo funciona el universo y el cerebro humano todos estos seguirán siendo incógnitas.
El cristianismo nos dice que Dios nos dio libre albedrío, pero algunas personas dudan sobre ello. Hay quien cree que todas nuestras decisiones están determinadas desde el momento en el que nacemos, o incluso antes. A esta creencia se le conoce como determinismo, y múltiples autores han sido partidarios de esta corriente. La pregunta sobre si todo está determinado o no, viene desde hace miles de años atrás, en la antigua Grecia filósofos como Heráclito, Leucipo y Aristóteles ya se cuestionaban esto. A través de los años esta cuestión siguió desarrollándose y hoy en día es una teoría que se estudia en diversa ciencias.
Para el desarrollo de este artículo, trataré de dar una mirada filosófica al determinismo, y me gustaría centrarme en 2 figuras principales que juegan un papel bastante importante por sus aportaciones al campo de la filosofía y que nos darán perspectivas distintas de lo que es el determinismo: Spinoza y Schopenhauer.
Curiosamente, no hemos hablado previamente de Spinoza. Y es que se trata probablemente de uno de los filósofos más importantes, cuya filosofía sigue influyendo hasta nuestros días. Spinoza fue un filósofo Neerlandés de origen Portugués que vivió muchas persecuciones por su pensamiento, que fue caracterizado en su tiempo de “ateo” y “panteísta”. En su filosofía, toma elementos de la filosofía cartesiana y los adapta, rechaza la separación entre alma y cuerpo, y declara que el hombre forma parte de la naturaleza. Spinoza, ha influido en muchos filósofos a lo largo del tiempo, incluyendo figuras como: Schopenhauer, Hegel, Marx y Deleuze.
Spinoza es un determinista absoluto, él niega completamente el libre albedrío y cree que todas las cosas que ocurren y decisiones que tomamos se deben a una cadena de causalidades:
“Ninguna cosa singular, o sea, ninguna cosa que es finita y tiene una existencia determinada, puede existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y obrar por otra causa, que es también finita y tiene una existencia determinada; y, a su vez, dicha causa no puede tampoco existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y obrar por otra, que también es finita y tiene una existencia determinada, y así hasta el infinito.” (Ip28)
Aquí Spinoza nos da a entender que toda consecuencia tiene una causa previa, y esta causa una causa previa y así sucesivamente hasta el infinito. De esto se entienden que todas las decisiones que tomemos están previamente determinadas según causas que sucedieron anteriormente. Y esto debe tener un inicio, y ese inicio de toda causalidad es Dios (Para quienes estén versados en el Budismo, esto es muy similar al concepto de Originación dependiente, y la cadena karmática. Quizás es un artículo futuro abordemos estos conceptos sobre el budismo, que son bastante interesantes, pero no aplican al artículo actual).
Para entender un poco más este determinismo es necesario comprender la noción que tiene Spinoza de Dios. Para Spinoza, y a diferencia de Descartes, Dios es la única sustancia existente (una sustancia es —según Spinoza— algo que es por sí mismo, sin necesidad de otra cosa para existir), y mente y alma son sólo atributos de esta sustancia. Bajo esta lógica, se puede inferir que Dios es todo en el universo, la naturaleza, los seres vivos, incluso nosotros como seres racionales. Dios está en todo, no es una figura antropomórfica como otros creen, sino que está inmerso en la naturaleza misma. De esta forma, Dios —quien forma parte de la naturaleza misma— ya ha determinado todo cuanto va a ocurrir, y todo cuanto va a ocurrir es perfecto según su decisión.
“… Todas las cosas están determinadas, en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, no sólo a existir, sino también a existir y obrar de cierta manera, y no hay nada contingente.” (Ip29d)
Así, Spinoza niega con su racionalismo que el libre albedrío exista. Ahora, me gustaría abordar a un filósofo que ya conocemos, y que nos dará otra interpretación del determinismo, menos absoluta que la de Spinoza: Schopenhauer.
Ya hemos hablado de Schopenhauer previamente. Schopenhauer, intentando oponerse a la filosofía de Hegel, hace una reinterpretación de la filosofía de Kant, toma elementos como el fenómeno y el objeto en sí, y los adoptaría a su filosofía. Según él, el mundo está dividido en 2 fuerzas fundamentales: la voluntad y la representación. La representación es todos aquellos fenómenos que nosotros percibimos: el mundo como aparece ante nosotros, ordenado por las formas del espacio, el tiempo y la causalidad. En cambio, la voluntad es la cosa en sí, lo que subyace a todos los fenómenos, una fuerza metafísica incontrolable que nos hace constantemente desear y mantenernos con vida. Todo es voluntad, según Schopenhauer: no sólo los seres humanos, sino también los animales, las plantas, e incluso los procesos físicos. La voluntad está más allá del principio de causalidad y las leyes físicas.
Nosotros no poseemos a la voluntad, esta nos posee a nosotros. La voluntad es aquello que nos hace desear constantemente, deseamos comida, refugio, vivir. Es nuestra naturaleza, y esto se debe a la voluntad. Schopenhauer a diferencia de Spinoza no es un determinista absoluto: él reconoce que podemos tomar decisiones, pero no somos libres de elegir qué deseamos. En ese sentido, estamos completamente determinados por los deseo de la voluntad. Yo puedo decidir si quiero comer, pero no puedo decidir el sentir o no hambre. Es la voluntad quien activa estos deseos en el cuerpo. Hay una libertad de acción relativa, pero no libertad frente a los impulsos que nos gobiernan.
“A ello se debe el curioso hecho de que cada cual se tenga a priori por enteramente libre también en sus acciones individuales, creyendo que podría iniciar a cada momento una conducta distinta, lo cual equivaldría a convertirse en algún otro. Sólo a posteriori, a través de la experiencia, descubre con asombro que no es libre, sino que se haya sometido a la necesidad, de suerte que no modifica su hacer pese a todos los designos y reflexiones…”
Es decir: puedo decidir, pero no puedo decidir desear. Ahí se instala el determinismo Schopenhaueriano. Los deseos que nos mueven no nacen de nuestra consciencia, sino de una voluntad primordial que ya estaba ahí desde el principio.
Una vez explicado esto, me gustaría dar una pequeña opinión personal al respecto. Y es que el tema del determinismo es algo sumamente importante pues deja caer varias dudas en nosotros. Si toda acción está predeterminada ¿es correcto castigar a alguien que cometió un crimen? Bajo una lógica determinista esto se podría dudar, pues esta persona no tiene decisión sobre sus acciones, sino que todas estas están predeterminadas, bajo una concepción Spinosista, desde el momento en el que nació —o incluso antes. También se podría argumentar que el hecho de recibir un castigo está determinado bajo una cadena de relaciones causales.
Si tenemos en cambio una mirada Schopenhaueriana de las cosas, podríamos preguntarnos ¿hasta dónde llega nuestra libertad? Si estamos constantemente cumpliendo nuestros deseos podemos comenzar a pasar a llevar la libertad de otras personas. Si estamos constantemente reprimiendo estos deseos comenzamos a dañarnos a nosotros mismos. Y es difícil saber cuál es el punto medio de todo el asunto.
Personalmente creo que el determinismo y el liberalismo, es decir la creencia de que tenemos libre albedrío total, son compatibles en cierto sentido, y esto es algo que varios filósofos han argumentado. La creencia de que el libre albedrío y el determinismo son mutuamente compatibles recibe el nombre de Compatibilismo, y representantes de este pensamiento podrían ser Hume o Hobbes. Elegí a Spinoza y Schopenhauer como ejemplos porque son quienes más representan mi manera de pensar en términos de libre albedrío, mientras que las ideas de Spinoza de la cadena de causalidades tiene muchísimo sentido, al igual que la idea de los deseos de Schopenhauer, pienso que estas cosas sólo influencian en cierto sentido nuestra capacidad de tomar decisiones, mas no las definen por completo, aunque a decir verdad, siento que estoy más del lado del determinismo en una balanza entre ambas opciones. Aún así, el tema es como dije al principio, imposible de saber en su totalidad hasta ahora. Sólo nos queda continuar investigando e ir dudando y forjando nuestras propias opiniones al respecto.
Bibliografía complementaria
Spinoza Baruch. Ética.
Schopenhauer, Arthur. El mundo como voluntad y representación.
