Desvaríos IV: La enfermedad mortal

¿Ustedes creen que Dios se queda en el cielo porque Él también le teme a Sus creaciones, aquí en la tierra? – Robert Rodriguez, Mini espías 2

Maturana en su delirio máximo dice que el creer no está en el campo del saber, una persona creyente que cree creyendo en Dios no cree en Dios, sabe de Dios. Pero esta definición tiene un problema semántico interno. Desde el momento en el que concibo la idea de la existencia de un Dios metafísico, ya sé de él. Por lo tanto, no es correcto decir sé de Dios, al igual que tampoco es correcto decir creo en Dios. ¿Qué es correcto entonces? Nada, lo correcto sería abandonar el lenguaje y volver a hacer ruidos guturales como lo hacían nuestros antepasados más pasados. Porque ¿cuál es el sentido mismo de la existencia de Dios? Ninguno, si Dios existe o no, es completamente indiferente para el pan que comeré mañana por la mañana. Los animales no tienen Dioses, y si los tuvieran habría sido creado a su imagen y semejanza, de la misma manera que nosotros en nuestra lucidez máxima lo hicimos.

Y si Dios existiera no sería más que un ser completamente enfermo en su enfermedad, delirante en su delirio. Si Dios se preocupara realmente por los problemas de los humanos humanizados en su humanidad intervendría en la destrucción sistemática del planeta y nuestra propia existencia. Pero tampoco es indiferente como diría Epicuro. Es un Voyeur, un ser que disfruta viendo, observando, mirando. Nosotros fuimos su experimento y él goza viendo como nos asesinamos entre nosotros. No siente empatía, es completamente indiferente en su indiferencia a nuestra diferencia. No le importan los valores de bondad o maldad, él mismo es completamente neutral. “No tengo opinión ni en uno ni en otro sentido” dicen los Neutrales en Futurama. Y así mismo actúa Dios. Y si Dios nos creo a su imagen y semejanza, debe ser igual de enfermo que nosotros. Dios actúa de la misma manera que nosotros cuando jugamos los Sims y observamos cómo se ahoga cuando le quitamos la escalera a la piscina. No disfruta viendo nuestro sufrimiento, pero tampoco le disgusta, sólo siente curiosidad, curiosidad curiosa en su curiosidad. Por eso mismo Dios existe en su existencia delirante. Pero no existe en su lucidez más lucida.

Existe cuando queremos que exista. Me pasó algo malo, Dios no existe o me castiga. Me pasó algo bueno, gracias a Dios. Gracias a dios yo no creo en Dios. Delirios delirantes en su delirante deliriocidad. Así habla Dios cuando ve a sus experimentos matándose unos a otros. Si Dios creo al hombre para ver cómo se comportaba, creo a los animales con el fin de sufrir. Imagina crear una especie incapaz de razonar cuyo único destino es estar encerrado en un cubículo en el que apenas cabes, mientras te engordan toda tu vida sólo para matarte y comerte.

Y es que el ser humano siempre ha estado enfermo de enfermedad, y no hablo de lucidez esquizofrénica. Hablo de la enfermedad de la normalidad. Desde su nacimiento, siempre ha estado enfermo, toda la vida vivida ha estado enfermo, necesita esa enfermedad para existir. Y a lo largo de la vida ha vivido múltiples enfermedades que lo han enfermado. Dios fue la primera enfermedad del hombre. Múltiples asesinatos y barbaridades se cometieron en nombre de Dios durante muchos años. Quemas de brujas fueron uno de ellos. El retraso de las ciencias fueron otro. Dios inhabilitó al ser humano durante muchos años, y tardó milenios en sanar de esa enfermedad. Y cuando al fin logró curarse, llegó otra enfermedad. Una enfermedad mortal en su mortaldad que mortaliza al hombre y le recuerda su mortalidad. Esa enfermedad tiene nombre, y se llama capitalismo. El capitalismo llegó disfrazado de cura. Trajo muchos avances: Ciencia, Tecnología, Magna Moralia. Pero pronto, se desenmascaró y nos mostró su verdadero rostro. El problema ya no es el eterno retraso que nos daba la enfermedad de Dios. El problema ahora es el eterno desear, el eterno sentirnos incompletos. No deseamos por carencia, nosotros no carecemos de nada. Si queremos entretención tenemos entretención en nuestras palmas palmozas de las manos manozas. Si queremos felicidad tenemos la potencia de ser felices en la simpleza más simple. No carecemos de nada, el capitalismo nos dice que carecemos de todo. Nos inculca falsas creencias, necesitas la nueva Playstation para entretenerte, necesitas el nuevo perfume para tener pareja, necesitas adelgazar, necesitas ser más blanco, necesitas, necesitas, necesitas, no paras de necesitar, siempre necesitas, necesitas en tu necesidad y no paras de necesitar cosas. Las necesidades crean más necesidades. El capitalismo dice que tener dientes amarillos es malo y te vende un blanqueamiento dental al módico precio de un riñón a 12 cuotas sin interés.

El problema más grande es qué ocurrirá cuando acabe el capitalismo. El ser humano nace enfermo y necesita la enfermedad para sobrevivir. El aceleracionismo busca acelerar los avances tecnológicos para que se acabe pronto el capital y llegar a un poscapitalismo, un nuevo sistema. Pero nadie sabe cuál es ese sistema, sólo sabemos que todo tiene su fin, todo es impermanente, y el capitalismo también lo tendrá. La alternativa al capitalismo que aparecerá en el futuro será igual de silenciosa, vendrá disfrazada de cura al igual que el capitalismo lo hizo en algún momento. Pero será más peligrosa, pareciera que estamos decayendo, pasando de una enfermedad a otra peor y así sucesivamente. Y esto seguirá así hasta nuestra destrucción y desaparición del universo. Cuando ya no quede ningún ser humano vivo, jamás existió la humanidad.