Desvaríos V: La no-libertad

No se quiebra, no se rompe, no se le ponen límites a los límites, limitando sus carentes limitaciones. No se le ponen barreras puesto que estas barreras son inexistentes en sí mismas. Tampoco existe por sí misma, sólo existe cuando existe el otro, cuando nos vemos obligados a vivre avec l’autre. No es profundamente metafísica, ni profundamente física. No es tangible, ni si quiera es inteligible, se le malinterpreta, se le hipersimplifica. «Mi libertad termina donde empieza la del otro»; esos son desvaríos, delirios delirosos de un delirante que delira. «Mi libertad comienza cuando comienza la del otro»; estos son lucidosas lucideces que lucidan en su lucidez. El problema es mucho más complejo que lo que se quiere sopesar. Existen relaciones sociales y normas. Normas que norman las normas. Relaciones en sus relacionadas relaciones. «Mi libertad es la libertad del otro»; esto es oro puro. La problemática es más grande de lo que los hippies quieren creer. Temen quedar mal cuando quedan mal y quedan mal inevitablemente. «l’enfer est les autres» dijo Sartre y tenía razón.

Esto no existe —como dijimos anteriormente en su anterioridad— si no existe el otro, el gran otro la gran a o la petite A. Lacan se equivocaba cuando distinguía entre otro y otro. Sólo existe el otro, y las normas sociales ocurren cuando comienza ese otro. Es inútil hablar de libertad cuando estamos en soledad, los animales no son libres, son animales. Los humanos sólo son libres cuando interactúan con el otro. Cuando el ser humano vive en la naturaleza, esta no está ahí, está ahí conceptualmente pero no realitatoriamente.

Se dice que hay 2 pero sólo hay una, la real termina con -ad y la falsa con -aje. El -aje es lo que los liberales conservadores crearon para diferenciarnos de los animales pero los animales están ahí y nosotros aquí. El -aje surge de la desinformación, sólo que esta desinformación es informada en su desinformacionalidad. «Malescribo para dificultar la lectura». Los solitarios no son libres porque no lo necesitan, es inútil hablar de libertad cuando hablamos de eremitas. Los ermitaños viven su vida en los bosques y no se ven restringidos a normas sociales normando la sociedad. «Malescribo para enrevesar la escritura». Los animales tampoco son libres porque no necesitan la libertad. La libertad sólo cobra sentido en relación al otro. Somos libres porque acatamos el contrato social, porque acatamos las normas sociales que nos entregan esa libertad.

La libertad sólo acaba cuando está en peligro de ser arrebatada. No tiene limites ni barreras pues esta sólo es una convención social. La privación de libertad es la ruptura de esta convención, de este contrato; es el castigo castigado que aplica el castigador al castigado. Sólo que el castigado lo pierde todo, «j’ai tout perdu». La privación de la libertad es el peor castigo que podemos dar a alguien que rompe las normas sociales. Pero incluso las normas sociales son rompidas por el contrato social, la pena de muerte es matar a alguien por cometer un crimen, sólo que matar está condenado por el contrato social. El hurto por necesidad está permitido en ciertas ocasiones, sólo que robar es malo. La privación de libertad o de -ad está directamente relacionada con el contexto. Por eso no existen limites, no existen barreras, no se le puede limitar, no se le puede barrerar.