Corre sin parar, y no va a ningún lugar. El hombre corre y corre sin dirección alguna, está fatigado de tanto correr pero no se puede detener. Sus piernas apenas aguantan el dolor pero él sigue haciéndolo. La gente lo ve pasar por las mismas calles día y noche sin parar, se preguntan hacia adonde va pero nadie sabe.
Primero lo vieron pasar en el calor del verano, entre enero y febrero, lo veían todos los días haciendo la misma ruta. Después, los días se hicieron semanas y las semanas meses. El hombre corría y corría sin detenerse. Con la llegada del invierno llegaron también las lluvias, eso no lo detuvo, seguía corriendo sin razón aparente. Incluso bajo la lluvia se empapaba. A veces incluso resbalaba, pero a él no le importaba; sólo seguía corriendo.
Hubo una vez un curioso que se preguntó a dónde iba, y comenzó a trotar cerca de él, le fue difícil seguir el paso, pues el hombre corría muy rápido. Además, la ruta que hacía era demasiado larga por lo que su persecutor se cansó y se regresó a su casa al cabo de un rato. Hubo otros que lo siguieron en bicicleta, en auto incluso, pero el hombre siempre seguía la misma ruta y nunca iba a ningún lugar.
En un ocasión le preguntaron desde el auto:
—¿A dónde te diriges o por qué corres?
El hombre ni si quiera volteó a mirar, sólo siguió corriendo sin cesar. Nada ni nadie poda detenerlo. En otra ocasión, una señora se le puso en frente, el hombre sólo la esquivó y siguió su camino. Trataron de ponerle trampas por los lugares por los que recorría pero él sólo se levantaba al caer y seguía corriendo.
Llevaba tanto tiempo corriendo que la gente comenzó a preguntarse cuándo fue que lo vieron por primera vez pasar, pero nadie lo podía recordar. Hay quienes decían, como dije anteriormente, que fue a inicio de año, pero no todos estaban de acuerdo. Algunos decían que a pesar de que comenzaron a verlo a principio de año, él antes hacía otras rutas por lo que podría haber comenzado a correr desde mucho antes. Se formaban toda clase de discusiones acerca del hombre, se había convertido casi en una leyenda.
Un día, sorpresivamente, el hombre se detuvo. Toda la gente a su alrededor quedó impactada, no podían creer lo que estaban viendo. El hombre al fin había dejado de correr, la gente comenzó a decirle a sus vecinos y los vecinos a su familiares. Todos se acercaron al hombre a hacer toda clase de preguntas, era tanta la cantidad de gente que apenas era posible caminar por un radio de al menos 2 metros.
Cuando por fin le preguntaron al hombre por qué corría, el miró a su al rededor y dijo:
—No lo sé.
