(Cuento) La forma del deseo

Muy lejos de cualquier forma de civilización, existe un bosque de belleza indescriptible, grandes arboles cubren las praderas y se pueden apreciar las formaciones rocosas de todos los tamaños. Un gran lago se encuentra en el centro, donde los animales se acercan a beber su agua cristalina. Dentro de este bosque coexisten diferentes tipos de arboles y plantas. Es aquí también donde florecen flores de todos los colores imaginables. La diversidad que se aprecia en este lugar es algo difícilmente descriptible. Sin embargo, hay una especie que destaca por sobre todas las demás, una flor de belleza indescriptible, con una combinación de colores completamente únicos, una flor de un verde azulado claro con bordes negros que hacen que estos colores destaquen aún más. Su centro es claro y su tallo ondulado. Cualquier persona que la viera se vería absorbido por su belleza, de la misma manera que narciso se vio absorbido por su propio reflejo, poniendo en peligro su propia vida por apreciarlo. Lo curioso, es que a pesar de estar ahí, a la vista de todos, son pocas las personas que se acercan a mirarla. Quizás sea por lo difícil de llegar a este bosque o quizás sea porque hay flores que a la vista de un ojo no entrenado pueden parecer más especiales. Pero cualquier persona que conozca la verdadera belleza deberá admitir, que la belleza de esta flor es completamente inigualable.

En este panorama se encontraba M, artista de nacimiento y botánico de educación, quien se propuso investigar esta flor y descubrir todas sus propiedades, con la finalidad de comprenderla y apreciar aún más su hermosura singular. M era joven e idealista, desde pequeño había sido educado por una familia de artistas que le enseñaron a apreciar las grandes obras de artes, desde la sublimidad de Caravaggio hasta la abstracción de Kandinsky. Conocía todos los grandes nombres de artistas y sus obras más impresionantes. Admiraba el arte oscuro de Goya y la belleza idealista de Botticelli. Admiraba también el arte moderno, encontraba belleza en los trabajos impresionistas de Monet y Manet. Era capaz incluso de hallar belleza en las obras abstractas más oscuras y extrañas que se pueden imaginar. Y ese gusto por la belleza artística era también extrapolable a su gusto por la belleza natural. M admiraba la belleza de los animales, de las plantas y de los paisajes, había experimentado varias experiencias sublimes en el sentido Kantiano de la palabra, había experimentado la inmensidad de los alpes suizos y la cordillera de los andes en persona, había visto también a los animales más hermosos que uno podría imaginar, gatos de todas las razas, pequeños pandas rojos y arañas de colores inimaginables. Él tenía la capacidad de ver la belleza de manera que nadie más podía. Ese mismo amor por la belleza lo llevó en su juventud a estudiar botánica. Quería comprender esta belleza natural de manera no sólo estética, sino también científica. Escudriñar la naturaleza desde todos los aspectos, científicos, filosóficos y artísticos.

M llevaba varios años estudiando a esta planta desde la lejanía, observaba su belleza pero nunca se había atrevido a acercarse a ella. Leía todo lo que podía sobre ella y preguntaba a sus compañeros sobre lo que sabían. Hasta que un día decidió realizar el viaje para verla en persona, y estudiarla. Ya no bastaba con verla desde lejos, apreciarla en un laboratorio o leer sobre ella, M necesitaba estar cerca. Desde que comenzó su viaje M soñaba despierto frecuentemente con esta flor, se imaginaba estando cerca de ella, sintiendo su olor, tocando sus pétalos; M deseaba más que nadie estar cerca de ella en su estado natural. El viaje le tomó varios días, la espera era un martirio para él. No sólo tuvo que hacer un recorrido físico sino también espiritual, tuvo que prepararse mentalmente para atreverse a realizar el peligroso recorrido que conlleva llegar a este bosque donde se oculta la flor.

Cuando M finalmente llegó, se encontraba emocionado, extasiado, no podía creer que por fin tendría la oportunidad de verla en persona. Caminó largos senderos a pie, su cuerpo le pesaba, sus manos temblaban y su corazón latía como nunca antes. Sin embargo, para M, su viaje no rindió frutos, cuando llegó no podía creer lo que estaba viendo, alguien había arrancado todos los especímenes existentes de esta flor, no era posible encontrar ni una en todo el bosque. M se sintió no sólo deprimido, sino también frustrado, estaba completamente destruido. Había soñado con poseerla desde que la conoció, y sin embargo alguien más había llegado antes y le había arrebatado la oportunidad de verla en persona.