Cine, literatura y la costumbre de observar

Hace bastante tiempo, en una clase de francés que tuve, mi profesora dijo algo que me llamó bastante la atención. Estábamos hablando sobre cultura francesa y ella mencionó cómo ellos comprenden el sutil arte de observar. Mencionaba que era común entre los franceses sentarse en una cafetería y observar a la gente al rededor, ver cómo se comportaban, sobre qué hablaban, qué hacían en general. Esto me llamó profundamente la atención pues el sentarse en una cafetería a observar la calle es algo que yo he hecho toda mi vida y, yo siempre he supuesto que es algo que todos hacemos cuando estamos solos. Desde ese momento me he preguntado: ¿por qué hacemos esto? ¿Es algo malo hacerlo? ¿Es realmente algo culturalmente francés, o es más bien algo extrapolable a nuestra condición humana?

Observar y pasear

El observar está directamente ligado con el pasear, y en París esta actividad tenía un nombre: «Flâneur»; Esto quiere decir, alguien que pasea por la ciudad sin un destino, pasea por el gusto de pasear y observa a los demás por el simple hecho de hacerlo. Probablemente por esto mi profesora de francés asoció el arte de observar a los demás como algo culturalmente francés. Pero la verdad es que pasear y observar es algo que hacemos en el día a día, especialmente en esta época donde tenemos más tiempo libre para actividades recreativas que antes. Observar y escuchar a la gente es una actividad que todos cultivamos en diferentes grados, hay quien lo hace porque está aburrido o solo, otros lo hacen con algún objetivo en particular, mas la gran mayoría lo hacemos durante el día a día y sin ser consciente de ello.

Quien observa por aburrimiento o soledad lo hace porque se encuentra en una situación donde no tiene otra opción. No trajo un libro a la cafetería, está comiendo algo sin ver el celular o simplemente se quedó sin cosas que hacer en la calle. Este espectador se pone a observar: observa al pequeño perro que va paseando la señora, observa al hombre sentado en la banca leyendo u observa a la pareja que va conversando; e inconscientemente escucha esa conversación. Este tipo de observador lo llamo Observador inconsciente, pues lo realiza todo de tal manera.

El que observa con un objetivo realiza esta actividad de manera recreativa y casi diaria. Un ejemplo común es el escritor que se sienta a observar en busca de inspiración. Este tipo de personas ve cómo se comportan las personas en su día a día, las conversaciones que mantienen, y busca de esta manera que sus historias sean más creíbles, más reales. No es suficiente con las conversaciones que mantiene el día a día con sus amigos y familiares, pues esto se realiza de manera inconsciente. A este observador me gustaría llamarlo Observador objetivo, pues se sienta a observar con una meta en mente, es consciente de lo que hace y por qué lo hace.

Finalmente estamos la mayoría de nosotros como Observadores conscientes, observamos y escuchamos lo que hacen los demás, no porque no tengamos otra opción ni con una meta, sino simplemente porque se nos dio la oportunidad de hacerlo. Estamos sentados en una cafetería y de repente vemos a alguien que nos llamó la atención, paseamos por un parque y escuchamos una conversación de una pareja junto a nosotros, etc. Podemos hacerlo o no hacerlo, simplemente lo hacemos y somos conscientes de ello.

El cine y la literatura en la escucha

Ya he descrito a los que yo creo son los tipos de observadores, pero no hemos hablado de por qué lo hacemos. ¿Es algo natural a nosotros como seres humanos, o es algo que adaptamos con el tiempo?, es verdad que observar el entorno es algo que hacen los animales de manera instintiva, así que podría decirse que nosotros también lo hacemos por ello, pero observar el comportamiento de las demás personas es diferente a escuchar sus conversaciones o reírnos con sus actitudes. Se podría decir también que lo hacemos por curiosidad, lo cual también sería una respuesta correcta, somos naturalmente curiosos, y observar el comportamiento de los demás es algo normal que satisface esa curiosidad de saber qué hacen los otros. También se podría decir que es una costumbre que adaptamos para sobrevivir, somos seres gregarios y buscamos aquello que nos permita vivir en grupos. Observar a las personas y ver cómo se comportan y qué dicen nos enseña, desde temprana edad, a convivir con los demás. Aprendemos naturalmente imitando y observar es la mejor manera de comenzar a imitar.

Todas estas son respuestas correctas probablemente, sin embargo a mí me gustaría postular otra alternativa. Está claro que nosotros desde pequeños somos Observadores inconscientes u observadores conscientes, pero hay algo que mantiene esta costumbre hasta el final de nuestra vida, y que le da cierto grado de culpa pero a la vez de placer. En mi opinión, nosotros estamos acostumbrados a ser observadores, y esta costumbre se ve reforzada con el cine y la literatura. Estos dos medios de expresión nos acostumbran a ser constantes observadores, voyeristas, personas que viven en un estado pasivo viendo lo que hacen los demás. Es decir, nosotros somos observadores naturales, pero el cine y la literatura exacerban esas actitudes, las vuelven algo más fuerte. Y es ahí cuando nos volvemos observadores objetivos, disfrutamos ver lo que hace el otro incluso más que lo que hacemos nosotros en nuestra propia vida. De esta manera ver o escuchar lo que hace el otro no sólo se vuelve una herramienta de aprendizaje, sino también un medio de entretención.

Los problemas éticos y morales

Aun así, todavía queda una pregunta por responder: ¿Es correcto hacerlo?. Es verdad que cada persona tiene derecho a su privacidad, es esa la razón por la que nos sentimos seguros estando en casa, y por la que hacemos cosas solos que nunca haríamos estando en compañía, herramientas como el internet incluso nos dan un anonimato casi total para interactuar con otros sin que sepan quienes somos, y eso tiene algo de satisfactorio. También es verdad que lo que hacemos en la vía pública no es totalmente anónimo, no nos encontramos en la seguridad de nuestras casas. Esa es una pregunta que se ha hecho en Street Photography, ¿quién es dueño de la foto que te toman en la calle? ¿El fotógrafo o la persona fotografiada?. Esto es difícil de responder, y por la misma razón puede que sintamos algo de culpa cuando lo hacemos. Sabemos que es algo que podría ser inmoral, no nos gustaría que los demás escucharan nuestras conversaciones en la vía pública ni mucho menos, sentimos cierta empatía y eso nos hace sentir culpables. Personalmente creo que escuchar las conversaciones ajenas o tener un ojo observador sobre alguien sin que este lo sepa es algo incorrecto, pero es algo tan naturalizado en nosotros que no dejaremos de hacerlo.

Conclusión

Somos seres observadores naturalmente, por eso disfrutamos del cine y de la literatura, esta se adapta a nuestra necesidad de observar lo que hace el otro, y refuerza esta necesidad aún más. Esta es una actividad que probablemente siempre hemos realizado y seguiremos haciéndolo. Me gustaría cerrar con una invitación: ¿Cuando fue la última vez que te sentaste a tomar un cafe con una libreta o una aplicación de notas en el celular, y escribías mientras observabas la calle?, puede ser flujos de pensamiento, un poema o una historia, pero el hacerlo es una actividad refrescante, para algunos incluso inspiradora. Puede que se nos ocurra una historia con un simple gesto realizado por una persona. Esto es lo que le pasó a Milan Kundera cuando escribió La Inmortalidad, un gesto de una señora al pasar inspiró una novela de más de 200 páginas. Si Kundera no fuera un gran observador probablemente no lo habría hecho. ¿Qué esperas tú para recibir aquella inspiración?.

Bibliografía complementaria

  • Baudelaire, CharlesEl Pintor de la Vida Moderna
  • Kundera, MilanLa Inmortalidad